1. Producción Arte y Mercancías

1.1 Industrialización

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La Industrialización inició en la segunda mitad del siglo XVIII en Inglaterra, de donde se difundió hacia el resto de la Europa continental. Este período se caracterizó por el desarrollo económico relacionado con la innovación tecnológica, la producción de energía a gran escala y la producción metalúrgica. Las economías de los países europeos pasaron de estar basadas en la producción agrícola a estar fundamentadas en el desarrollo Industrial.

Los avances tecnológicos como la máquina a vapor permitieron a las industrias producir a gran escala, de forma seriada, diferentes tipos de productos para el consumo y uso cotidiano. Se desarrollaron métodos como la división de trabajo dentro de una línea de producción, la estandarización de piezas, y los grandes volúmenes que aminoraban los costos. El esquema de las cortes aristocráticas del siglo XVIII dio paso a una sociedad estructurada en torno al nuevo paradigma del capitalismo industrial.

 

1.2 Kitsch

Renoir, “Bal du Moulin de la Galette. Musee d’Orsay”, Paris, 1876

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La sociedad industrial se configuró en torno a nuevos valores que reemplazaron aquellos de la aristocracia. El tan mencionado ascenso de la burguesía estuvo marcado por una lucha contra la persistencia de los valores del ancien régime, valores que tenían que ver, entre muchas otras cosas, con la estética. La producción material y visual que caracteriza la industrialización y la sociedad burguesa, tenía implícita una búsqueda por la legitimidad de sus creaciones que en contraposición al antiguo régimen, huía de todo referente formal a él y por lo mismo divagaba entre estilos con un alto grado de incertidumbre. Este fenómeno social más que de estilo, que se caracteriza por el alto grado de inseguridad formal y pérdida de unidad en el estilo, es lo que el sociólogo polaco Norbert Elias denominó como el «Kitsch».

“En el concepto de «Estilo Kitsch» hay que señalar en primer lugar una cualidad figurativa muy peculiar, a saber la más grande inseguridad formal, que es constitutiva de todas las creaciones estéticas en el interior de la sociedad industrial.*

*Elias, N. (1998). Estilo kitsch – época kitsch, traducción inédita de Lisímaco Parra París, Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. p.3

1.3 Exposiciones Universales

Joseph Paxton y Charles Fox, “The Great Exhibition in Hyde Park”, 1851

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Si bien las ferias comerciales existieron en diferentes países de Europa desde finales del siglo XVIII, el carácter que adquieren estas exhibiciones a partir de la gran Exposición de Londres de 1851, es el de un evento de grandes dimensiones con repercusiones a nivel mundial que concentra adicionalmente las miradas del productores y público sobre lo que pasa en las grandes ciudades de occidente. Es a partir de estas Exposiciones, que occidente evidencia su comprensión del universo entendido como la capacidad de dominar y transformar la materia que, en síntesis, se constituye en la base del pensamiento que caracteriza el proyecto moderno: progreso.

La realización de Las Exposiciones incidió tanto en la configuración de unos muy impresionantes recintos feriales así como en el desarrollo de importantes proyectos urbanísticos en las ciudades anfitrionas. El carácter icónico que adquieren muchas de éstas, se da a partir de la realización de alguna de ellas. Tal es el caso de París que inaugura La Torre Eiffel en 1889); Chicago con la Rueda Ferris en la Exposición Columbiana de 1893; y Seattle que se identifica desde 1960 gracias a su Space Needle.

Algunos de los productos más representativos de la cultura popular de occidente fueron lanzados en estas exposiciones, así como la socialización de los últimos adelantos tecnológicos en la industria. Tal es el caso de la bombilla incandescente (1879), la máquina de coser casera (1845) y el Zephyr primer tren de alta velocidad (1934). En cuanto a productos que definen rasgos culturales de consumo a nivel mundial, están la mantequilla de maní el algodón de azúcar y el helado en cono (St. Louis 1904).

 

1.4 Las ciudades como vitrina comercial

Camille Pissarro, “The avenue de l’Opéra”, 1898

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Si bien las exposiciones universales ayudaron a consolidar las ciudades como los puntos de cruce y de comercio indispensables para el desarrollo del modelo económico capitalista, éstas necesitaban un complemento para abarcar las dinámicas más cotidianas de consumo. Una vez se realizan las grandes exhibiciones, las grandes ciudades quedan hambrientas por más.

La alta circulación de productos y la ampliación del espectro y sobre todo, el número de consumidores, exige y permite la existencia de espacios comerciales dedicados a mantener e incrementar día a día el ritmo de consumo y circulación de mercancías. Durante el siglo XIX, especialmente a partir del inicio de la segunda mitad, los puntos de venta se convierten en la línea de avanzada hacia la consolidación de la sociedad de consumo.

La primera gran ciudad en ser renovada es París, que entre 1852 y 1870 sufre una dramática transformación para convertirse en una gran vitrina comercial. Se planea la ciudad en torno a lugares con gran movimiento del comercio como los Pasajes, los Boulevard y los Cafés, espacios ideales para el esparcimiento de los habitantes de la ciudad. Se instala el alumbrado público que permite la vida nocturna, y el transeúnte comienza a verse bombardeado por la gran carga visual de la publicidad callejera que cambia el paisaje urbano y transforma las formas comunicativas tradicionales.